viernes, febrero 22, 2008

Sant Miquel


Me deshabito. Cuando vienen mal dadas. Me desubico. Si barrunto afrenta. Me descobijo. Que no estoy, o sea.
Mi amigo Antonio, el del pie chungo, que se lo hizo mistos pegándole patadas a la cosa, que casi juega en Nacional, que prometía, si no es por aquella mala caída, hacía los caracoles como nadie. Qué de limpios, qué de hierbas, qué de afeites, que la misma Cleopatra fueran, de puros que al trasiego se venían.
Y les cogí afición a estos moluscos gasterópodos eutineuros pulmonados estilomatóforos helícidos, que si tan difícil adivino el patronímico, Voto a Tal que me dieran otras aficiones.
Y va a ser eso, que si las magras carnes veo peligrar, una de escondite. Soy el caracol inverso. Si él es por los adentros... yo, repito... me deshabito.
Y me veo, como no estando, en esa triste cáscara que me contiene, que se acalora, sufre, chorreo aguanta, incluso llora.... Pero tate, que no soy, que no estoy, que me he ido.
Y soy como el caracol, que a quelonio no alcanza, y tiene por fortaleza lo que no es sino frágil cáscara, esquife de la Rosa sonajero y seguro candidato al abismo de Neptuno.
Y vuelvo a mí, pasado el miedo, y me lamo las heridas, y me vuelvo, y me hallo, y soy, y entonces siento, y ahora sí, que me vienen los gritos de mis propias vísceras llamándome:
COOBAAAARDEEEE.





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